La
entrada al estadio
Desde muy
temprano, miles de fans se acercaron al estadio para ubicarse lo más cerca
posible del escenario. Exactamente a las 18.10, los organizadores abrieron las
puertas del Monumental y permitieron el ingreso de los fanáticos. Sobre la
avenida Udaondo se instaló una furgoneta que pasaba temas de los Stones.
Enseguida, un grupo de chicos la rodeó, abrió un círculo y, en el medio,
varios se pusieron a imitar a Jagger, con una remera húmeda y enroscada a modo
de micrófono. Adentro estaba prohibida la pirotecnia, pero de alguna manera
muchos lograron pasar bengalas rojas, preparadas para ser encendidas en momentos
estratégicos: al principio del show, con "Satisfaction", y durante la
infinita "Sympathy for The Devil". A las ocho de la noche, dos horas
después de que se abrieran las puertas del estadio, quedaban pocos afuera: toda
la gente llegó muy temprano y entró enseguida. La expectativa era enorme, casi
como si fuera la primera vez. "Es que no te cansás de verlos --coincidían
varios--, yo podría escucharlos tocar horas y horas, días."
Ninguna banda, internacional o local, puede causar el mismo frenesí que causan
los Stones en la gente. Ninguna. Algunas postales: un chico con muletas que da
vueltas a la cancha, como cumpliendo una promesa, gritando "gracias Dios
mío". Otro que entra corriendo a la cancha, diciendo "5 veces la otra
vez, cuatro veces ésta, 9 veces con los Stones". Muchos arriesgaban
definiciones emocionadas, como Javier, treintañero de Ituzaingó, fan de toda
la vida: "Muchos me dicen que ellos son las cenizas de lo que fueron, y que
por eso todavía son buenos, por eso de que 'donde hubo fuego'... pero para mí
son brasas, que no se apagan, que siguen dando calor, que sirven para encender
el fuego de vuelta". La cancha de River cubierta de lenguas, de todos los
tamaños, en las remeras, en las plateas, colgando de las banderas, en tatuajes,
pintadas en la cara, en vinchas, aquí, allá y en todas partes.
Viejas
locas
A las 19:30
Viejas Locas empezó tocando sólo media hora y luego de los problemas que hubo
con M. Brooks, ocuparon su lugar y tocaron durante algo mas de cuarenta minutos
en cada show. Era la banda encargada de abrir la noche. Tuvieron caños nuevos
(músicos de Los Cafres), y los temas que tocaron fueron "Intoxicado",
"Sacátelo", "Hermanos de sangre", "Todavía",
"Perra" y "Difícil de entender". "Lo artesanal",
entre otros. Saben que el grueso del público stone va a estar en la cancha
desde temprano. "A pesar de que no nos cabe todo eso, nuestro público es
bien stoncito, bien callejero, y los Stones les gustan al 80 por ciento de los
que nos vienen a ver. Y hay mucha gente que está más contenta de que toquemos
nosotros con ellos que de que vengan los Stones. Lo ven como un triunfo nuestro
y de nuestra gente." dice el Pity. Y en verdad se vio como un triunfo, fue
algo muy especial para los que seguian a "Las Viejas" a todos lados, y
ya en el 98 cuando se empezo a decir que volvian los Rolling Stones a nuestro
país, soñaban con la posibilidad de ver a su banda favorita tocando en el
mismo lugar en el que tocarian los Stones, este sentimiento se notaba en los
cantitos de "la masa": "mire mire que locura, mire mire que
emoción: esta noche toca el Pity y el año que viene tocan los Stones!!".
"Fue incleible y con cada tema te hacia acordar a un recital diferente de
las viejas, te acordabas de los recitales del 95 o 96 y te sentias realizado,
creo que ese era el sentimiento, se encontraba cierta satisfaccion".
La
fiesta stone
Las luces del
estadio de River se apagaron y el escenario, cubierto por un telón blanco, se
tiñó de azul. El telón se abrió y apareció una pantalla de forma circular
despidiendo fuegos artificiales en dirección al público.
Faltaban segundos para que ese primer riff sonara en River. Un silencio extraño
en la cancha, un silencio devocional. Se encendió una luz blanca para iluminar
sólo a Keith Richards, viejo lobo, el pelo blanco, Enfundado en un sobretodo
gris, las piernas separadas, la guitarra.
los Stones volvieron a pisar la cancha de River para ofrecerle a, según ellos
"uno de sus mejores públicos" su show.
La figura del guitarrista Keith Richards se recortó en el escenario y sonaron
los primeros acordes del clásico Satisfacción. El ritual del reencuentro de
los Rolling Stones con su fervoroso público argentino había comenzado.
La fiebre Stone ya hacía vibrar, una vez más, el estadio.
El público explotó desde el primer momento con morteros, bengalas y papelitos.
Desde lejos, desde detrás del arco, llegaba una bengala, una luz rosada en las
manos de un chico con remera de Viejas Locas, una bengala que burló todo el
dispositivo de seguridad que prohibía la entrada con pirotecnia.
Más de trescientas mil personas llenaron River para ser testigos de las cinco
presentaciones correspondientes al Bridges to Babylon Tour en la Argentina.
"Bienvenidos a Buenos Aires. Qué bueno estar de vuelta!", dijo Jagger
en correcto español después del segundo tema de la noche y el estadio le
contestó con una nueva ovación. EMPEZABA NUEVAMENTE LA FIESTA STONE EN LA
ARGENTINA.
La Argentina tiene varias marcas registradas para shows de los Stones, cantos, gestos, que no se repiten en ninguna otra parte, según cuentan los fans que los vieron en otros lugares del mundo. El "vamo’ los estón", por ejemplo. O las alabanzas de la banda a Charlie Watts cuando Jagger lo presenta, reverencias que no repiten en ninguna otra parte sencillamente porque en ningún otro lugar ovacionan tanto a Charlie Watts. El revoleo de camisetas por sobre la cabeza, en círculo. Los riffs y los estribillos transformados en "oh oh" futboleros. Por eso, el que más disfruta un show de los Stones hoy es el fan. Es un show para los fans, para los que pueden sentir eso que se siente cuando tocan los Stones, Los fans estaban en llamas. Muchos de rodillas, literalmente. Muchos llorando, literalmente. La mayoría sintió cómo se le erizaba la piel con "Sister Morphine". Y la fidelidad incondicional. Y de eso se trata, y es más que suficiente. Por todo esto podemos decir que Argentina es una patria stone.